lunes, 5 de noviembre de 2012

NIEBLA

JUAN PEDRO RODRÍGUEZ MURILLO



Yo, bien ¿y usted, madre?, parece fatigada. Siéntese ahí en la mecedora del porche y descanse. No salga al patio, no vaya a resfriarse. Ya termino, creía que esto iba a ser más fácil, pero es que la tierra está helada. Una mañana muy fría, y esta maldita niebla, ¿cuántos días llevamos sin ver el sol?, ¿es que esta maldita niebla no se va a ir nunca? Este va a ser un lugar de lo más agradable, verá qué bonito cuando florezca el almendro. Tengo que dejar escrito que quiero que me entierren justo aquí, a la sombra de este árbol, qué sorpresa se van a llevar. Bueno, creo que ya es suficiente. He terminado. Pero no, no se levante madre, espere que yo llegue y la ayude. Venga, arriba. Debería perder unos kilos, madre, pesa demasiado y no es bueno a estas edades. Un poquito más, un poquito más, ya casi estamos. Mire, parece que por allí asoma el sol, es una pena que no pueda verlo. Esta maldita niebla, madre.



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